TEXTO: Manuela Penafria y Gonçalo Madaíl, Universidade da Beira Interior (Portugal)
TRADUCCIÓN: Luanda Baldijao

En este texto discutiremos cuál es el futuro y el estado del filme documental dentro de la actual evolución del lenguaje audiovisual. En primer lugar, presentaremos el estado actual de esta evolución. Seguidamente, prestando especial atención a las potencialidades de los medios técnicos, presentaremos nuestra visión sobre el papel que está reservado al documental en el marco del actual desarrollo tecnológico.

De todos los avances contemporáneos que el lenguaje audiovisual ha conocido, ha sido el vídeo la tecnología inevitablemente más revolucionaria: por su accesibilidad en cuanto a los costes, por la facilidad de su difusión y, también, porque nace en un contexto saturado  de masificación de las sociedades y sus medios de comunicación, manipuladores y casi evangelizadores. Hoy en día el video acompaña a la revolución informática, por cierto, la  más determinante del siglo.

La accesibilidad de los medios, tanto el video como el ordenador, propician la aparición de diferentes manifestaciones individuales y colectivas. La video instalación es el nombre que se da a construcciones audiovisuales cuyo principal objetivo es el estímulo de nuestros sentidos y la captación del espectador. Los trabajos realizados por Bill Viola son un  ejemplo. La video instalación surge como una posibilidad de la tecnología de ser colocada a disposición de los designios más subjetivos,  algo que siempre ha caracterizado al arte. Ésta es una de las facetas del video que corroboran lo que hasta aquí se ha definido:  las diversas vocaciones del video reflejan precisamente  la necesidad creciente de huir de la alienación social y artística, justo en el momento en que la evolución tecnológica lo permitió. Como resultado, es posible percibir,  cuáles son las consecuencias extraídas del simple hecho de poder tener un equipo portátil relativamente accesible en términos económicos, de poder tratar las imágenes digitalmente, así como de poder distorsionar y manipular hasta el infinito.

La cuestión de la revolución audiovisual pasa obviamente por su accesibilidad a muchas y diferentes personas. Más  que  una revolución tecnológica, es una oportunidad  real para que muchos hayan podido crear los productos audiovisuales con los que siempre soñaron, algo que nunca antes vislumbraron. De ahí surgen las diversas vocaciones del video: la anti-televisiva, la narcisista y la formalista (Patricia Siverinha). Una diferenciación que, no obstante, no pasa de ser una terminología típicamente clasificadora más que descriptiva de los ímpetus generados por esta revolución.

No obstante, la vocación anti-televisiva del vídeo no refleja su total falta compromiso  con los  objetivos comerciales, las estrategias de mercado o las difusiones culturales, religiosas o pedagógicas. El vídeo cierra sus principios en la esfera de la persona que lo produce.  Se asume casi como un medio de crítica hacia los principios televisivos y sus mecanismos, la  oportunidad de hacer precisamente lo contrario a la regla y a su totalización. En este sentido, es una alternativa  al orden  impuesto por la televisión mostrando que también es una “ventana para el mundo”, como muchas otras ventanas. El video es también un instrumento de combate contra el despotismo televisivo, a partir del cual es posible proponer una televisión de contenidos ideológicamente alternativos.

El video es maleable y constructivista, pudiendo proponer formas consideradas televisivamente erróneas o incorrectas como el abuso de efectos informáticos de granulación, saturación del color, ruidos, y fallos técnicos, deformación de líneas y contornos… Creando a partir de todo esto su propia estética y estilo. Hay aquí un contraste con la objetividad y naturalidad habitualmente presentadas por la televisión. Así, el video se convierte en un medio artístico independiente de las leyes de mercado.

En cuanto técnica relativamente accesible, el video surge también como una ventana abierta para la producción de obras notoriamente narcisistas y individualistas, que a menudo son llamadas como “video de autor”. El exceso de información y su distribución masificada en un flujo cada vez más rápido llevan al individuo a la alineación, estimulando los ímpetus subjetivos e individuales que se galvanizan artísticamente.  Se trata de una nueva oportunidad fenomenológica: del YO que quiere hacerse entender por el OTRO. A través de nuevas formas y soportes, comunicando entre sí ideas hasta ahora incomunicables,  y el propio YO creando nuevas formas de comunicarse consigo mismo, de auto presentarse y auto interpretarse. Es en este alto grado de auto-reflexividad que se muestra la postmodernidad, la “percepción subjetiva del yo individual”. Las posibilidades creativas de esta situación crecen considerablemente si pensamos en la diversidad  de los procesos operativos mentales que vendrían de la simple idea de auto-comunicarnos por vía de la imagen- tan sensorialmente presente en nuestra vivencia.

El video apela la unión de todas las formas de percepción, en una mezcla entre cine, teatro, pintura, danza, escultura, música y también la llamada cultura popular, abriendo el camino a una liberación de la representación para los dominios no racionales y mas sensoriales. El video funciona como un medio privilegiado para que el artista pueda expresar sus miedos, recuerdos… Dando lugar a una percepción subjetiva del yo y sus imágenes mentales. Pero es también curioso verificar que esta vocación narcisista del video está acompañada por una vocación formalista: la innovación tecnológica permite que se lleve la imagen a puntos fascinantes y con la informática  es posible tratar la imagen, distorsionarla, optimizarla, colorearla, integrar imágenes de video  con imágenes generadas por ordenador, llegándose a efectos nunca antes producidos.

Estas visiones propician experiencias sensoriales absolutamente nuevas, implican involucrarse de un modo global, no es solamente mirar y contemplar. Encontramos aquí una apología de la interactividad de todo nuestro cuerpo. Caminamos hacia los campos de la abstracción y de la estética, por lo  surreal y lo virtual. La  imagen en movimiento creada y procesada informáticamente a través de los medios electrónicos y digitales está caracterizada por una tendencia a la abstracción que se aleja cada vez más de un referente preexistente o de cualquier materialidad. ¿Estaremos caminando a marchas forzadas hacia la construcción de los simulacros y del mundo hiper real del que nos habla Baudrillard? En su vocación formalista, se coloca el énfasis en las propias tecnologías y sus potencialidades, en la forma en detrimento del contenido y lo concreto.

En este contexto interesa más el tratamiento y la fabricación de la imagen que la propia imagen en sí. Hasta en la edición se tornan más importantes los métodos utilizados que la coherencia del ordenamiento de las imágenes. En el fondo, su contenido es su propia forma, pues la tecnología consigue llevarnos a nuevas experiencias totalmente radicales y extremas, agudizando nuestras sensaciones. Hoy en día, podemos decir que estamos ante una saturación de la percepción y que avanzamos hacia un envolvimiento global de nuestros sentidos, no se trata de contemplar y sí de interaccionar. Las ideas se transforman en experiencias corporales y sensoriales. Bill Viola es un defensor de las construcciones de carácter conceptual una vez que para él  “La verdadera naturaleza de nuestra relación con lo real no reside en la impresión visual sino en los modelos formalizadores de objetos y del espacio que nuestro cerebro crea a partir de sensaciones visuales”.

La distancia entre significante y significado se encuentra disminuida, se anula nuestra habitual relación con lo real, se proponen nuevas formas de lenguaje, pero su grado de comunicabilidad no diminuye. ¿Será que podemos decir que el significante  está siempre presente en cualquier representación  y que la búsqueda de la interpretación implica un significante?  En este caso, el significante será la estructura física  del propio ordenador, es decir, las construcciones audiovisuales producidas comportan en sí la estructura del propio medio. Si pensamos en un simple “screamserver” concluiremos  que es imposible  afirmar que nada de él emana en términos conceptuales, pero es obvio que su grado de complejidad interpretativa es discutible en relación a otras formas de representación en video u otros suportes. Artísticamente es notable como la  producción se va sofisticando y su interpretación también. Hoy en día casi parece que el espectador haya saturado y agotado sus posibilidades perceptivas precisando ahora de algo más extraordinario que lo obligue a pensar, que lo obligue a distinguir los conceptos en medio del misterio y la abstracción.

¿Qué lugar ocupa el film documental en medio de toda esta revolución? ¿De qué modo se aproxima o se aleja de todo esto? ¿Qué es lo que se mantiene estable en medio de tanta inestabilidad?¿Estaremos frente la desaparición de la cámara de filmar?
En nuestra opinión el filme documental en cuanto obra sobre lo real continúa existiendo, siempre flexible a las innovaciones tecnológicas y en cuanto género no se ve afectado, al contrario, se enriquece. El gran impulso en la producción documentalista que se dio en los años 60, cuando surgieron las cámaras de filmar ligeras y económicamente accesibles, originó formaciones sociales cuyo objetivo era realizar producciones alternativas a las que la televisión presentaba. Un ejemplo de esto fue el movimiento llamado “Guerrilla televisión” en los Estados Unidos en la década de los 70. A estas alturas y a nuestro entender, todavía hoy una producción alternativa al mainstream pasa necesariamente por la producción de documentales. Éste, por el hecho  de tener como contenidos el mundo que nos rodea, permite que en los filmes se presenten diferentes visiones de este mundo. Y es este el aspecto que tanto interesa a todos los que pretenden crear productos audiovisuales alternativos.

El documental es siempre una obra muy personal, sobre todo transmite la relación que los documentalistas establecen con los personajes de la película. Conviene señalar que la mayor parte de los documentales están realizados por un equipo reducido de producción. El documentalismo es un proceso que involucra al documentalista, al filme en sí, a los personajes del filme y a los espectadores. No existen reglas éticas que los documentalistas tengan que cumplir. No obstante, podemos decir que la comunidad documentalista establece una relación de compromiso entre quien hace el film y quien interviene. Los que intervienen en el film y los espectadores tienen derechos. A los primeros se les debe respeto por sus expectativas y motivaciones, a los segundos el documentalista debe ofrecer una visión de mundo que los rodea. Para ello se debe promover la libertad de expresión del documentalista. A nuestro entender, los nuevos modos de ver el mundo pueden implicar nuevas construcciones audiovisuales. El documentalista debe ser libre para hacer sus elecciones fílmicas de modo que pueda transmitir ideas sobre la realidad que vivió. Debido a esto, el documental es una obra individual en la que se comparte con el espectador una parte de la experiencia vivida.

El documental siempre ha sido interactivo con sus espectadores, siempre se  preocupó  por el hecho de tener una relación privilegiada con el espectador, en el sentido de que pretende  revelarle el mundo en que vive, mostrarle diferentes visiones de mundo. Así siempre  fue interactivo,  por el hecho de hacerle sentir experiencias sobre el mundo.  Hoy en día , los nuevos lenguajes interactivos exploran  esa interactividad  que es sensorial, exploran esencialmente la relación de nuestro cuerpo con el exterior (espacio-tiempo). Estamos frente a un estímulo sensorial, es decir, una apuesta por la excitación de nuestros sentidos que son por naturaleza pasivos;  por el contrario, el documental siempre se posicionó como un género en el que lo esencial era estimular una reflexión sobre  nuestro mundo.

Por mucho que la formalización sea cada vez más común, en el documental nunca se verifica una total ausencia de contenidos. Tradicionalmente los contenidos se anteponen a las formas o, podemos decir que las formas solamente cobran sentido en relación a los contenidos. El género documental siempre trabajó la relación forma-contenido como dos entidades distintas. Por más que el documental se configure de un modo más formalista o abstracto, siempre mantiene una responsabilidad respecto a los contenidos.
Por otra parte, el documental es un género que favorece la experimentación, lo que le ha llevado a posicionarse en las fronteras con otros géneros (ficción, reportaje, film institucional…) Como trabaja siempre con lo real (el material base de trabajo es el registro in loco, o sea , se debe filmar la vida de las personas y los acontecimientos del mundo) a través  de un determinado punto de vista podrá constituirse como la reserva por excelencia para la confrontación de esta relación entre forma y contenido . Al contrario del avance audiovisual descrito,  en el documental las imágenes tienen un referente que existe fuera de ellas. Así el documental es, a nuestro parecer, una especie de barómetro, no está sometido  a la pura formalización. Sin embargo, su versatilidad le permite beneficiarse de esa formalización a la hora de tratar “creativamente la realidad”. Como manifestación subjetiva, habla de la experiencia sensorial sujeta a nuevas formas y metodologías, propone eternamente nuevas interpretaciones; como obra de arte, se expande hacia donde sea.
El documental frente al actual desarrollo del lenguaje audiovisual funciona como una especie de barómetro. A pesar de ser un género que favorece la experimentación y el trabajo de las formas cinematográficas, no se aleja de los contenidos. Éste es su principal enfoque: referirse a la vida de las personas y los acontecimientos del mundo.
Hoy el lenguaje audiovisual se aparta de los contenidos dando lugar a  productos en los que solamente existe la forma y no el contenido. Se cae en una excesiva formalización y su único tema es la forma. Se trata de construcciones mentales sin un nexo con el mundo en que vivimos. Mientras que es esta relación la que el documental privilegia. Así, entendemos que el documental tiene la facultad de aprovechar las posibles formas resultantes del actual desarrollo tecnológico y utilizarlas para cumplir su función de revelar diversos aspectos del nuestro mundo, de nuestras vivencias, de la humanidad.

El documental continua, como ha ocurrido a lo largo de su historia, incitando a los documentalistas a realizar un tratamiento creativo de la realidad, a crear y recrear las formas de construcción fílmicas siempre aplicadas a los contenidos. La rápida evolución tecnológica obliga a que el documentalista posea cada vez más capacidades técnicas, es decir que sea capaz de trabajar con nuevos suportes, como el ordenador. Sólo así será posible mantener y re-crear el género documental.

NOTAS:
Texto publicado en la web: Doc on line
1   Ver site: www.cnca.gob.mx/viola/list.html
2- Patricia Silveirinha, A arte vídeo: processos de abstração e domínio da sensorialidade nas novas linguagens audiovisuais tecnológicas. Disponible en la web: http://bocc.ubi.pt (Biblioteca on-line de Ciencias da Comunicação- para acceder al texto mencionado clicar en Audiovisual e Cinema)

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