Por Judith Silva Cruzat

“Don’t Get Me Grown” (2007), de la rumana Adina Pintilie, participante de la selección oficial del Festival de Cine de Valdivia recién pasado, nos muestra, mediante cinco de sus residentes, una arista de un hospital siquiátrico rumano, dando vida a un relato humano, bello, tranquilo y emotivo.

Por medio de un relato paralelo, que sólo tiene como voces la conversación de un par de pacientes, va desentrañándose algunas de las realidades que pueden verse en un lugar como éste. El documental ha tenido pasadas por varios festivales internacionales, y guardando la proporción que tuvo “Être et Avoir”, de Nicolás Philibert, en lo que a público y acogida se refiere, éste se asimila en su tratamiento pausado, con cámara fija y con la mínima intervención de música en su relato. Es el minimalismo puesto al servicio de la humanidad de los personajes.

Aún así, no debe confundirse este minimalismo con un descuido en la técnica, ya que los encuadres, enfoques, y tratamiento de la luz y el color, y la fotografía en general, resultan ser de una factura impecable. Si bien es cierto, este documental presenta imágenes que podrían ser un tanto “fuertes” o “chocantes”, para quienes no vivimos cotidianamente la realidad de un hospital psiquiátrico, podría considerarse que decisiones de montaje, de corte e incluso de encuadre, permiten que algunas imágenes íntimas (en el baño, por ejemplo), pasen a formar parte del relato y no de una anécdota visual de la obra general.

Esta intimidad además, nos revela el largo tiempo de investigación y preproducción que un documental como éste requiere. El documental dura cincuenta minutos, el tiempo suficiente como para involucrarse en la historia, sonreír con el relato y agradecer la transmisión de ese otro tiempo que viven sus personas-personajes.

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