Errol Morris revive en documental el maltrato a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraif. El estadunidense, ganador de un Óscar, retoma las fotografías sobre la tortura de soldados, difundidas en 2004, “que fueron vistas por más gente que otras en la historia”

 

En la cinta de Morris (quien en 2004 ganó un Óscar por su documental The Fog of War: Eleven Lessons from the Life of Robert S. McNamara, sobre la trayectoria del secretario de defensa de Estados Unidos durante la guerra de Vietman) aparecen numerosas entrevistas a militares que se desempeñaron en Abu Ghraib. El espectador queda con pocas dudas de que la crueldad de los a menudo inexpertos soldados fue autorizada desde las cúpulas de Washington.

–¿Por qué decidió hacer una película sobre Abu Ghraib?– se le preguntó al realizador.

–Estoy muy interesado en la fotografía. Y esas imágenes fueron vistas por más gente en la historia. Estoy cada vez más consciente de que las fotografías casi siempre son sacadas de contexto y se convierten en vehículo de propaganda, entre otras cosas. En esta historia, decidí tratar de descubrir qué muestran realmente y averiguar algo sobre las personas que las tomaron.

–¿Le resultó difícil convencer a quienes trabajaban en Abu Ghraib para que hablaran con usted?

–Fueron de las entrevistas que me resultaron más difíciles de obtener. Muchos de los entrevistados fueron encarcelados. Otros estaban preocupados por la posibilidad de revelar algo que los enviara a prisión…

–Uno de los elementos más asombrosos de su película es la inocencia que aparentan muchos de los entrevistados. ¿Estaban mal preparados para administrar una prisión en zona de guerra?

–Si dijera eso me quedaría corto. Hablamos de adolescentes, casi. Lynndie England (condenada por una corte marcial por su participación en los abusos) tenía apenas 20 años.

“Eso también ocurría en todo el Ejército: tenía menos personal y menos equipamiento del necesario. Los que estaban allí tenían poca o ninguna preparación para cumplir el trabajo para el que habían sido asignados.

“El gobierno se negó a escuchar desde el comienzo a cualquiera que dijera que sus políticas no tenían sentido o que, inclusive creyendo que lo tenían, no se realizaban con eficacia.

–Usted habló detenidamente con Sabrina Harman, militar que tomó muchas de las fotos o bien aparece en ellas, quien alegó que captó las gráficas para dar testimonio de los abusos. ¿Le cree?

–La pregunta central de la película es: “¿Es ella real? ¿Podemos creer lo que nos dice?” Aquí está mi opinión, que vale dos centavos: la gente es compleja. Nos gusta pensar que los villanos son villanos y que los héroes son héroes. Pero rara vez en la vida hay villanos puros o héroes puros.

“Por momentos parece estar despistada y no tener corazón; en otros, parece profundamente compasiva. Me gusta su complejidad.”

–Al comienzo del filme, sugiere de modo convincente que el ex secretario de defensa Donald Rumsfeld avaló los abusos. Pero no entrevistó a funcionarios del gobierno de Bush. ¿Por qué?

–Muchos culpan a Bush, a (el vicepresidente Dick) Cheney y a Rumsfeld. Las políticas del gobierno en materia de detenciones y tortura están muy documentadas.

“Yo contaba una historia diferente. Tal vez sea menos política, tal vez lo sea más. Pero es una historia más perturbadora, sobre la gente. Le pregunto al auditorio qué haría si estuviera en este entorno. No creo que sea fácil de responder.

–Los documentales de más éxito comercial en los años pasados, como los de Michael Moore y Morgan Spurlock, incluían pasajes cómicos. Su película casi no los tiene. ¿Qué piensa sobre el estado actual del cine documental?

–Diría que el público de Estados Unidos se encuentra en una etapa de negación. Le gustaría que esta guerra se terminara y no quieren tratarla. Pero eso no significa que uno no deba hacer películas sobre eso. Uno no puede estar todo el tiempo preguntándose cómo hacer un éxito de taquilla. Uno debería hacer películas porque se siente obligado a hacerlas.

–¿Tendrá alguna actividad en las elecciones presidenciales?

–Me encantaría involucrarme. Los pasados seis meses le estuve enviando dinero a (el candidato opositor Barack) Obama. Es muy importante que gane.

–¿Le preocupa el tinte cada vez más conservador de los comentarios de Obama sobre política exterior, en especial sobre Irán e Israel?

–Trato de ignorar el día a día de la campaña. Es una especie de pesadilla. Me parece que ya sé suficiente sobre Obama. Leí el libro que escribió sobre su padre (Dreams from My Father) y es extraordinario.

–¿Se podrá reparar alguna vez el daño que Abu Ghraib infligió a la imagen de Estados Unidos?

–Estas fotografías destruyeron la imagen que teníamos sobre nosotros mismos. El público quería creer que ésta era una guerra por la democracia. Las fotografías sembraron dudas al respecto. Ensuciaron nuestra reputación y nuestra imagen, y no sé si alguna vez volverán a ser las mismas.

“Si Obama se convierte en presidente, espero que halle la manera de salir de Irak, que devuelva ese país a los iraquíes y que detenga estas políticas. Pero, ¿cuánto tiempo llevará reparar el daño?”

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