La industria del cine inglés va a ser la primera en sufrir las consecuencias de la arrolladora expansión de la televisión en Europa. En 1947 el país contaba con tan sólo 16.000 receptores, la cifra de sus espectadores en los cines era de 1.462 millones; diez años más tarde, en 1957, el número de televisores había crecido a 7.100.000 y el de espectadores en las salas de exhibición había descendido a 915 millones. Ante este calamitoso retroceso y en la imposibilidad de competir con los colosos americanos, el cine inglés busca nuevas soluciones y una de ellas será la de actualizar el cine de terror, aderezado esta vez con el empleo del color, que va a permitir crear efectismos cromáticos tenebrosos o potenciar el dramatismo del rojo de la sangre, donde va a sobresalir la figura de Christopher Lee como un vampiro “sexy” y de aspecto gótico. Mientras los “horror films” consiguen que haya largas colas en las entradas de las salas de cine, un grupo de jóvenes pasa a la acción creando el movimiento independiente Free Cinema.

 

Casi paralelamente a la Nouvelle Vague, se desencadenan una serie de acontecimientos en Gran Bretaña. La revista Sight and Sound publica en 1955 un artículo de Penélope Houston, que se titula “El país sin descubrir”, donde va a denunciar que el cine británico no refleja en ese momento histórico la escena contemporánea. Este objetivo lo van a pretender alcanzar tres directores con su “free cinema”, cine libre, fuera de toda coacción formal, moral o política y gracias al apoyo del Instituto Británico del Cine.

El Free Cinema busca, siguiendo la línea del cine documental y del neorrealista italiano, acercarse a los seres anónimos de la sociedad, mediante un tipo de cine rodado con pequeños equipos y al margen de los estudios, con un coste inferior al de un simple noticiario y empleando la música de jazz para sus bandas sonoras.

Los primeros títulos del nuevo cine serán Together, de Lorenza Mazetti, triste historia sobre una pareja de sordomudos; O Dreamland, de Lindsay Anderson, estudio sobre los visitantes de un parque de atracciones y Momma don´t allow, de Karel Reisz y Tony Richardson, crónica de una velada en un club de jazz por parte de un grupo de jóvenes. Estas tres películas se presentan conjuntamente en el Instituto Británico del Cine en febrero de 1956, dándose lectura en el acto al “Manifiesto de los Jóvenes Airados”, (Angry Young Man), que es un grupo de jóvenes procedentes del teatro, capitaneados por John Osborne, que va a fundar Woodfall Film, la productora que intente conceder una independencia al movimiento.

Estas películas resumirán ya el punto de vista de los nuevos realizadores, que se va a dar a conocer en la revista Séquense. Destaca en sus obras un inconformismo social, una crítica dirigida a la burguesía y a la sociedad, con un fondo de amargura e ironía. Poseen asimismo un reflejo de la tristeza de la vida urbana absolutamente mecanizada, denuncian el aislamiento del ser humano, a pesar de los avances sociales, muestran un compromiso social valiente con un enfoque humano, y demandan un cine auténticamente independiente, todo ello contado de manera realista.

En el plano formal, su cine evolucionará desde el respeto absoluto al hecho contado, no hay que olvidar que se forman con el documental, hasta el cine de ficción con el empleo de efectos expresivos muy libres.

Las películas más representativas del nuevo cine británico serán:

  • Un lugar en la cumbre, 1958, de Jack Clayton narra la historia de un arribista capaz de cualquier cosa con tal de ascender peldaños en la sociedad.
  • Un sabor a miel, 1961, de T. Richardson, ácida historia de una adolescente embarazada por un negro que vive con un homosexual.
  • Sábado noche, domingo mañana, 1960, de Karel Reisz, narra la vacía vida de un obrero, cuya única aspiración es divertirse los fines de semana.
  • El ingenuo salvaje, 1963, de L.Anderson, que narra la vida un minero, que juega al rugby, y se siente frustrado en la sociedad de consumo.

Una excepción a esta sombría visión de la tópica imagen de la sociedad británica la constituirá el cine-pop de Richard Lester, diferente en la forma pero no en el fondo. Procedente de la televisión americana, introduce humor y desenfado para criticar las instituciones y las costumbres británicas, como en “Que noche la de aquel día”, que protagonizan los Beatles. Esta película libera la puesta en escena, la continuidad narrativa es sustituida por una serie de momentos expresivos.

Los componentes del Free Cinema terminarán siendo absorbidos por el atractivo de Hollywood, realizando en Estados Unidos diversas películas de ficción.

Anuncios