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El ciclo barcelonés Xcèntric programó este pasado febrero Metal y Melancolía el documental más valorado de una autora injustamente poco reconocida, la peruano-holandesa Heddy Honigmann.

El tema es conciso y bien delimitado. Perú, años 90. La capital, Lima, espejo de los graves problemas económicos de toda la nación. En esta crisis permanente muchos limeños se dedican a hacer de taxistas con sus propios vehículos en su tiempo libre, pues los paupérrimos sueldos que cobran son insuficientes para vivir.

Su estética es también depurada. Prácticamente no sale de dentro del taxi en toda la película. Ésa es la realidad que deben vivir éstas personas, y por lo tanto es el plató que Honnigman elige, así de sencillo. Con la cámara de copiloto, y la realizadora y el sonidista en los asientos traseros. La dura realidad externa (gente pobre vendiendo lo inimaginable en cualquier semáforo) se ve desde la ventanilla del taxi. Algunas ocasiones se sale del auto, bien para fotografiar al chofer o para entrar un poco en sus vidas y conocer a esposas y familia, pero muy brevemente.

Esta sencillez esconde complejidad “una paleta visual y argumental muy reducida (…) pero no es una obra pobre en recursos, sino el resultado de una depuración de lo más esencial, de lo más íntimo que puede ofrecer ese grupo humano en su lucha diaria frente a una situación sumamente adversa”. (Pere Alberó, revista Tercer-Ojo, 2003)

Metal y Melancolía es una película que gusta a todo el que la ve. Esto no sé si es una muy buena señal. Me recuerda a Etre et avoir de Nicolas Philibert, que fue un gran éxito comercial. Una película que gustó a críticos, a cinéfilos, a los no cinéfilos… Pero Etre et avoir era muy azucarada, llena de concesiones al espectador, con monadas constantes de los niños que aportaban carcajadas a la sala y a veces poco más. Por el contrario Honnigman hace un retrato de una ciudad mísera, con personas que viven un día a día depresivo. Una realidad dura, con personas que se encuentran en una situación profesional y económica no deseada, pero de las cuales les hace brillar su lado más tierno, desde el taxista que canta a un amor perdido hasta el que nos intenta convencer de que su destartalado taxi tiene multitud de ventajas (la escena inicial, antológica) creando una mezcla agridulce. Consigue diseccionar los problemas del ser humano con amabilidad y ética, deja de lado los temas que han llevado a esta situación (política, economía). Un ser humano frustrado, melancólico, llorón pero con aún con una sonrisa o un guiño de esperanza. La clave de su quehacer es su relación con las personas, las sensaciones que crea con sus interlocutores (siempre uno solo), un tête a tête donde les da libertad para expresarse y con ética y una dulzura maternal nos traslada sus vivencias, sean tristes y/o alegres.

La Filmoteca de Catalunya le dedicará un ciclo este año 2007, previsto para la segunda quincena septiembre. Ya se hizo un ciclo a Honigmann en el septiembre del 2001, así que se intentará añadir todo el material culminado en estos años, entre ellos su última película, Forever.

FICHA TÉCNICA
Dirección: Heddy Honigmann
Guión: Heddy Honigmann, Peter Delpeut
Fotografía: Stef Tijdink
Sonido: Piotr van Djik
Montaje: Jan Hendricks, Danniel Danniel
Producción: Ariel Film Production, Inca Films, VPRO TV
País y año de producción: Holanda, 1993

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