Fragmento de la pelicula cubana “Memorias del Subdesarrollo” dirigida por Tomás Gutiérrez Alea. Guión Basado en la novela homónima de Edmundo Desnoes

El cine es un instrumento valiosísimo de penetración de la realidad. ¿Cómo podría explicarlo? El cine no es retratar simplemente. El cine es manipular. Te da la posibilidad de manipular distintos aspectos de la realidad, crear nuevos significados, y es en ese juego que uno aprende lo que es el mundo. Yo tenía muchas inclinaciones: por la música, por la literatura, por la pintura, incluso por las cosas manuales: la mecánica, la carpintería, los trucos de magia, todas esas fueron cosas que poblaron mi niñez. Tenía una aparente dispersión. Sin embargo, todo eso se sintetizaba en el cine y el día que tuve por primera vez una cámara de 8 milímetros en las manos fue la revelación, la certeza de lo que iba a ser, porque a través del cine podía desarrollar todas esas inclinaciones conjuntamente.

Siempre he tenido una actitud crítica. La he mantenido. Creo que es lo más productivo que he podido hacer en mi vida. Este cineasta se mete con lo que cree que está mal en el socialismo. Alguien me decía, y estoy plenamente de acuerdo, que el guión del socialismo es excelente, pero que la puesta en escena deja mucho que desear, y por lo tanto debe ser objeto de crítica. Es la mejor manera de contribuir a su mejoramiento.

Creo que el ejercicio del arte en esta sociedad, como en cualquiera, llena una necesidad del hombre de darse gusto, de disfrutar la vida. El arte no es más que eso: una manera de tratar de disfrutar la vida, tratando de comprenderla mejor, tratando de sacar lo más positivo. Creo que hasta ahí vale la respuesta. Ahora, en una sociedad como la nuestra, que está atravesando un período muy crítico, de transformación violenta, el arte -como todas las cosas- sufre esa situación y tiene que hacerse eco de alguna manera de esa situación. Hay que distinguir lo que es el cine y lo que es, digamos, la música. La música es un arte tan abstracto que no incide directamente sobre la realidad, pero el cine sí. El cine no puede evitar nutrirse directamente de aspectos de la realidad y conformar con ellos una obra, que por fuerza tiene que tener una significación y una incidencia sobre la realidad misma.

Si hablamos de cine en este momento, nuestro cine, aparte del goce y disfrute que encierra, que es básico, también por fuerza tiene necesidad de adoptar una posición frente a la realidad, un criterio, ejercer de alguna manera la crítica frente a la realidad y a la vez ser objeto de crítica. Creo que la crítica es fundamental en cualquier proceso de desarrollo. La única manera de que se desarrolle una sociedad es teniendo conciencia crítica de sus problemas. Cuando se cae en el juego de ocultar los aspectos feos de la sociedad, entonces estos se perpetúan. Y eso me parece que es lo peor que nos podría suceder.

En esta Isla, a noventa millas de los Estados Unidos, país con el que existe una tensión muy grande, cuando ejercemos la crítica mucha gente salta y dice: si criticas nuestra realidad le estás dando armas al enemigo. Yo francamente no creo en eso. No creo eso. Hay muchas maneras de hacer la crítica, se puede hacer desde afuera y desde adentro. Cuando el enemigo nos critica, nos critica para destruirnos; pero cuando nosotros criticamos nuestra realidad lo hacemos justamente para todo lo contrario, para mejorarla. Cuando uno adopta esta actitud y está consciente de la necesidad de la crítica, uno tiene que saber que a su vez también es objeto de crítica y de que va a recibir una respuesta. Hay un enfrentamiento, una lucha o, en el mejor de los casos, un diálogo, y creo que es lo más sano que nos puede ocurrir. No ha sido fácil. Creo que no mucha gente lo comprende así. Muchos se atrincheran, se cierran, y otros utilizan el poder para tratar de cortar el ejercicio de la crítica y es una lucha que no es fácil.

Recientemente, una película, Alicia en el pueblo de Maravillas, se convirtió en el eje de un escándalo. ¿Se trataba acaso de una película contrarrevolucionaria? Yo estoy convencido de que Alicia… es una película honesta que pretendió ejercer la crítica de algunos aspectos de nuestra realidad con el sano propósito de contribuir al proceso de “rectificación de errores” que se había proclamado un tiempo atrás. Contra Alicia… se cometió una gran chapucería política que sólo sirvió para poner en evidencia la falta de confianza que padecen muchos funcionarios en la capacidad de la revolución para asimilar la crítica y asumirla como un instrumento eficaz en el proceso de construcción de una sociedad más justa. El saldo positivo de ese lamentable incidente fue haber visto como los cineastas respondieron unidos frente al atropello sin dejarse manipular por fuerzas contrarias a la revolución. Hay que señalar también como signo alentador la actitud del Consejo Nacional de la UNEAC.

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