Pienso que la información sobre África suele estar llena de estereotipos. Los medios de comunicación occidentales nunca se toman el trabajo de ahondar en el tema que abordan y sólo ofrecen reseñas superficiales que descuidan el contexto, o sea el por qué y el cómo. Con los antecedentes indispensables, con datos suficientes, los telespectadores entenderían que África no es sólo un continente de asesinos, que lo que ocurre obedece a ciertas causas y que existen conflictos al igual que en Kosovo y en Chechenia.
Cuando llevé la primera copia y el guión de mi película Cry Freetown (sobre la brutal invasión de Freetown por fuerzas rebeldes en 1999) a posibles difusores, todos los que vieron el filme pensaron que era demasiado chocante para los telespectadores. Pero mi argumento ante las objeciones de Channel 4, ITN y CNN fue que se trataba de la realidad. Lo que yo mostraba había sucedido. Y cuando sucedió había niños sentados en el lugar que no tuvieron la posibilidad de apagar el televisor ni de mirar hacia otro lado.
Con las tomas que hice de asesinatos, violaciones y mutilaciones, lo que quería era estremecer al mundo. Imaginen una guerra que dura ocho o nueve años, sin que nadie en el exterior haya oído hablar de ella porque los medios de información nunca la mencionaron. Pensé entonces: para cambiar, sorprendamos a los telespectadores con una explicación y que luego vengan las imágenes que impactan. Y creo que resultó. Cuando vi los informativos sobre lo sucedido en Estados Unidos en septiembre, en ningún momento hubo ese tipo de imágenes chocantes, aunque habían muerto unas 6.000 personas. La diferencia es que los espectadores occidentales han madurado hasta tal punto que ya no es necesario escandalizarlos. Entenderán e imaginarán esas escenas. Pero tratándose de África, el público occidental sigue sin entender, y la razón de que piense a veces que somos bárbaros es que se le presentan episodios y estereotipos sin ningún contexto; estima entonces que así es África: otra inundación, otra hambruna, etc.
El primer objetivo de todos mis reportajes es mostrar que los negocios y alianzas que África y Occidente mantuvieron en el pasado son fracasos. Trato de aguijonear la conciencia del telespectador del mundo desarrollado. En el caso de Cry Freetown era fácil señalar con el dedo el comercio de diamantes entre las empresas mineras occidentales y los rebeldes. En mi película Exodus (sobre la emigración de África) recordaba a Occidente que había estado en ese continente en el pasado y había violado la tierra, apoderándose de ella sin permiso. Para interesar al público, trataba de que el contribuyente occidental entendiera que sus gobiernos y su dinero habían sido utilizados para sembrar confusión y corrupción.
También me gustaría mostrar situaciones positivas y favorables a África. En mi último documental sobre Uganda intentaba abrir una esperanza, pero lo triste es que los mismos males se repiten: falta de educación, abandono de la juventud, corrupción. Es la realidad. Y tengo que hablar de ella.
En África no estamos en condiciones de utilizar los medios de comunicación para cambiar las actitudes y percepciones del público. Contamos con una experiencia técnica adecuada y con personas comprometidas que no están al servicio de los políticos, pero no disponemos de los fondos ni los recursos indispensables. Si logramos asociar a Occidente y que éste difunda emisiones de ese tipo, contribuiremos a mejorar la situación.
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* Nacido y criado en Sierra Leona, Sorious Samura obtuvo hace doce años una beca del UNICEF para estudiar cine en el Reino Unido. Desde entonces, sus documentales Cry Freetown, Exodus y Walking on Ashes han sido difundidos por Channel 4 (Londres) y CNN.

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