Durante el régimen de Pinochet, un variado equipo de fotoperiodistas fotografiaba y retrataba a la gente y a la confusión que vivía Chile desde muchos puntos de vista diferente. En las calles, en medio de sangrientos disturbios y protestas, estos intrépidos fotógrafos aprendieron su oficio y crearon su propio lenguaje.
Para ellos, hacer fotografías era una forma de ser libre, una alternativa para continuar viviendo, una forma de ser más que un simple espectador, sino convirtiéndose en un actor esencial. Pinochet tenía el poder y las armas, pero estos fotógrafos tenían las ópticas y los flashes. Sus cámaras eran las armas de la gente. Sus fotografías representan el pasado opresor y desagradable.
Vivían peligrosamente para contar lo que sucedía. Héroes de la antigua dictadura o náufragos flotantes en aguas tranquilas de la democracia? Esta es su historia. Una historia generalmente en blanco y negro de una época que era en blanco y negro, donde uno tenía que tomar partido y donde los únicos matices de gris estaban en las fotografías que estos fotógrafos hacían.

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