El Viaje a la Luna de Georges Méliès es una película fundamental, pues se trata, en cierto modo, del primer film de ciencia-ficción de la historia del cine.

Georges Méliès (1861-1938) era un mago e ilusionista que tenía un teatro, el Robert Houdin, en París. Cuando los hermanos Auguste y Louis Lumiére hicieron sus proyecciones en el Boulevard des Capucines a partir del 28 de diciembre de 1895, mostrando su reciente invento el cinematógrafo, entre los asistentes estaba Méliès, quien decidió comprar un aparato, entusiasmado por las oportunidades que ofrecía. Los hermanos declinaron vendérselo a Méliès, aludiendo que era una mera curiosidad científica y que carecía de futuro. No se desanimó: compró un aparato muy similar patentado en Inglaterra (la invención del cine aún sigue originando discusiones) y comenzó a rodar sus primeros films de inmediato.

Las primeras películas de la historia del cine eran meros rodajes de acontecimientos cotidianos, y así Méliès debuta con Une partie de cartes (1896), que ofrece simplemente unas personas jugando a los naipes. Poco a poco, sin embargo, comienza a interesarse por la técnica y los trucajes que esta puede ofrecer; ese mismo año nuestro hombre rueda Escamoteo de una dama (Escamotage d’une dame Chez Robert Houdin), un sencillo truco de magia rodado de cara a la cámara pero haciendo uso del trucaje de la stop-motion, descubierto accidentalmente por el mago: una mujer es tapada con una tela y, cuando se destapa, se ha convertido en un esqueleto (evidentemente, se para el tomavistas y se procede a la sustitución).

Poco a poco se deriva en películas con más argumento, si bien siempre siguiendo una estructura teatral. Así, en esos inicios del cine, en lugar de escenas se podrían dividir las cintas por “cuadros”, con la cámara fija y los personajes entrando y saliendo, como en una actuación teatral. Viaje a la Luna exhibe esa característica, algo habitual en 1902, pero el problema de Méliès fue que no evolucionó, y mientras el lenguaje cinematográfico se desarrollaba, él siguió anclado en sus mismas técnicas. En 1912, cuando David Wark Griffith (1875-1948) ofrece su The Musketeers of Pig Alley, film policial donde desarrolla dramáticamente el uso del primer plano, Mélìes está realizando A la conquista del Polo (A la conquête du Pôle), simpática peliculita pero que supone una auto-imitación, en temática y estilo, de su mítica Viaje a la Luna. Al año siguiente, Méliès rueda Les chevalier des neiges y Le voyage de la famille Bourrichon, y después abandona el cine, pues su estilo está trasnochado, y acabará muriendo en el olvido, aún con un tímido homenaje que se le tributará concediéndosele la Medalla de la Legión de Honor. Fue un cineasta crucial en una época, mas luego esta pasó.

Viaje a la Luna, pues, hay que juzgarla por la época en que fue rodada, una época de mayor ingenuidad -cuando, en 1895 los espectadores a esas primeras sesiones que hemos mencionado, vieron La llegada de un tren a la estación (L’arrivée d’un train en gare de La Ciotat), se levantaron y corrieron asustados, creyendo que el convoy se les echaba encima-. Ello, además, no es óbice para disfrutar aún hoy día con ella, con su humor, frescura e ingenio, con su brillantez inclusive; con el talento que exhibe. Sin Méliès el cine no existiría tal como hoy es, tanto por su lenguaje, por su técnica y por sus constantes narrativas.

 

Carlos Díaz Maroto (Madrid. España)

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